La marcha del sábado fue una movilización contra el plan de Cristina Kirchner para quedarse con la matriz productiva del país, la gente se enoja con el Presidente Alberto Fernández porque es quién pone la cara, pero esté es un peón en el ajedrez de Cristina.

Cristina Kirchner no quería que le pasará lo mismo que le ocurrió a Carlos Menem en el 2003 y como ella advirtió que no podía encabezar, conteniendo a todo el peronismo, tuvo que poner de candidato a Alberto Fernández, a quién ahora lo manda a hacer cuantas barbaridades se le ocurre, como la inconstititucional y confiscatoria expropiación de Vicentin.

El Presidente Alberto Fernández está encorcetado y ensombrecido por la Vicepresidente. Se siente incómodo e irritado y lo manifiesta inconcientemente en cada entrevista que da. Es que el Presidente es bueno para hacer los mandados, pero no para liderar.

La idea de la Vicepresidenta Cristina Kirchner es ir desgastando y esmerilando al Presidente. Le maneja con mano de hierro la agenda gubernamental y le ordena llevar adelante todas sus iniciativas políticas.

El Presidente ha quedado indisimulablemente subordinado a los designios de Cristina Kirchner y su rol es hacer el trabajo sucio, como lo hizo Duhalde en el 2002, una vez finalizado ya sabemos lo que paso.

Cristina Kirchner intuye que posiblemente no puede ganar en 2023, lo sabe. Se correria de ir ella como candidata, pero para ello necesita generar una crisis social para imponer a su hijo Máximo como candidato.

Aspira a elegir nuevamente en 2023 el candidato a Presidente, teniendo la tranquilidad de haber consumado su plan de impunidad que le permita quedar a resguardo de toda investigación futura por las innumerables causas de corrupción que la deberían haber llevado a la cárcel, en un país normal que concretará mínimamente la rendición de cuentas, aún pendiente sobre su gestión de Gobierno, que asoció la política al delito y organizo el gobierno para delinquir.

Los Kirchner siempre hicieron lo mismo usan a la gente y cuando no le sirven más los desechan.

Alberto Fernández puede terminar como Sergio Acevedo, Carlos Sancho o Daniel Peralta Gobernadores de la Provincia de Santa Cruz puestos a dedo por los Kirchner pero también depuestos por ellos. Lo mismo que Héctor Aburto, Juan Carlos Villafañe o Raul Cantin los 3 intendentes de Río Gallegos que sufrieron, al igual que los citados Gobernadores, el autogolpe de los Kirchner.

He señalado que el modelo de la Provincia de Santa Cruz, es el qué Cristina Kirchner quiere nacionalizar. Este modelo nos muestra otra situación a tener en cuenta: Cristina Kirchner suele castigar a quién no cumple sus ordenes, pero también de modo más impiadoso y feroz a quien ejecuta sus crueles órdenes, como si ellos hubieran tomado la iniciativa cortándose sólos.

El auto golpe está en marcha y la oposición no puede caer en la trampa. Ha comenzado el estado de hostilidad y el trabajo subterráneo de la Vicepresidente contra el Presidente de la Nación.

Este plan ha quedado en evidencia cuando mandó a cerrar el Congreso para gobernar por decreto, con los superpoderes otorgados al Jefe de Gabinete Santiago Cafiero, para no mandar el presupuesto al Congreso.

La Vicepresidente le hace hacer cosas de tirano a Alberto Fernández que él, en algunos casos quizás no comparte, pero ahora no puede decir que no, por que ya le vendió el alma al diablo.

Que se viene en el país.

Si seguimos el rastro de los movimientos sobre los cuales girara el plan de Cristina Kirchner según sus actos pasados y el desarrollo de sus andanzas de cara al futuro y conociendo uno la lógica de esa ideología, que es la ideología del poder, es probable que la Vicepresidente tenga en mente para el 2023 la fórmula Máximo Kirchner – Ricardo Alfonsín.

La coptación política, que también nos lleva a sus orígenes pioneros en la Provincia de Santa Cruz, sería nuevamente la jugada para apuntalar a su hijo Máximo Kirchner y alivianar con el apellido más democrático y honesto y, que expresa los mejores valores de nuestra democracia reciente desde 1983, la consumación monárquica de prolongar en el tiempo su mandato, sin el rigor de las limitaciones democráticas de la alternancia.

Así la idea de recrear de un Pacto de la Moncloa que concreté el frustrado acuerdo Nacional entre Perón – Balbín sería la excusa para darle rienda suelta a la saga familiar que se pretende perpetuar en el poder, como si el parentesco dotará de una poción mágica de mando. Ricardo Alfonsín sería el mejor Vice para éste plan enredador.

Desde sectores minoritarios de la oposición, con una fantasía casi infantil insisten en un armado filoperonista de cara a 2023.

Con un complejo de inferioridad algunos no resisten al cálculo del interés. Está es otra tiranía menos dañina pero cierta: la tiranía de los intereses particulares. Está es una mentalidad particularista. Es la idea de creer que si a uno le va bien significa que las cosas van bien para el país.

Es creer, que un armado con una parte del peronismo, que sólo porque tiene bloqueado el poder desde el oficialismo y no estaría de acuerdo con la continuidad del poder sanguíneo de Cristina se puede armar un proyecto de futuro para el país.

Quienes actúan de ese modo nos señalan como radicales, duros o que estamos en la división, a quiénes no pretendemos acordar con quiénes sólo ponen en la mesa de los acuerdos, nada más que su certificado de impunidad, su permanecismo garantizado en el poder y una invitación al negacionismo, la rendición y la perdida de identidad y dignidad.

No se actúa con grandeza cuando lo que se persigue es ganarse la benevolencia de los amos del momento, con actitudes que tienen está singular forma de complacerlos.

Juntos por el Cambio debe permanecer unido, sin fragmentarse ni desilacharse, trabajando en un proyecto económico y social que venga a darle soporte a un espacio que ya es clara garantía de respeto por la división de poderes, la juricidad y la libertad.

Hay que oponerse al plan de futuro que tiene Cristina Kirchner y su autocracia monárquica confrontandole un proyecto de país republicano que entierre y dejé atrás su feroz animosidad, dándole entrada a la «gran política» que permita la sanación y sea la precursora de la recuperación de los grandes valores dormidos de nuestro país.

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