El anunciado y previsible triunfo electoral de Mauricio Macri en las elecciones presidenciales de mi país, encontraron en su recta final, como siempre señale a lo largo de este año, la colaboración de la Presidente Cristina Kirchner.
Ésta jugo a perder y entregarle así el poder a Mauricio Macri, como parte de un plan pergeñado para intentar volver en 2019 a la Presidencia.
Sin perjuicio de esto, el triunfo de Macri fue bien recibido por la ciudadanía porque indudablemente abre una etapa de esperanza que despeja años de aturdimiento y persecuciones oficiales, corrupción, violencia política y autoritarismo gubernamental.
En Latinoamérica, muchos de los países de la región que ven afectadas sus libertades públicas y políticas y sufren gobiernos con deseos de poder dinástico, ven en el triunfo de Macri en la Argentina un bálsamo y, se entusiasman, con la posibilidad de que se exporte el cambio de signo político al resto de la región.
El Gobierno de Macri, si bien, contó con el apoyo electoral de la Unión Cívica Radical (UCR) y la Coalición Cívica (CC) de Elisa Carrio, no será una coalición de gobierno, sino un gobierno que contará con colaboración parlamentaria y legislativa de estas fuerzas políticas.
La no integración dentro del Gobierno del radical Ernesto Sanz, Presidente de la UCR y de Elisa Carrio de la CC así lo demuestra.
Ambos, se han preservado de integrar el nuevo gobierno, respetando la decisión de Mauricio Macri y su derecho de nombrar su gabinete y funcionarios, en los términos políticos, que fueran anunciados.
Se debe velar en esta etapa nueva por devolverle plena vigencia a la Constitución Nacional y recuperar la vigencia de las instituciones y la ley. Que se garantice en el país el principio de la igualdad ante la ley y que ésta incorpore al Gobierno.
El parlamento debe recuperar su rol natural de debate y deliberación de los temas públicos nacionales dejando atrás el tiempo de la imposición.
Mi visión, es que resulta necesario y vital -sin revanchas ni venganzas-, investigar la corrupción de Cristina Kirchner y juzgarla.
Pero, no sólo, la corrupción declarada y evidente, sino sobre todo, la subterránea, la que se gestó a través de redes, nexos y conexiones internacionales y tiene un entramado de círculos concéntricos de testaferros, cuentas secretas a nombre de empresas fantasmas y testaferros, participaciones en empresas, -caso YPF el más paradigmático- y bienes y negocios no declarados.
Será un gran error, a mi modo de ver, que Macri no juzgue con firmeza y decisión la corrupción de estos años e intente canjear impunidad para la corrupción mayor, a cambio de la seudogobernabilidad que le ofrezca Cristina Kirchner y el PJ.
Este tiempo nos deja importantes enseñanzas.
La primera, que no todo cambio, como ocurrió en 2003, requiere de cheques en blancos y ausencias de control.
En segundo término, que debemos poner el poder en las instituciones y no en las personas.
Por último, internalizar, que el poder sin control siempre oprime.
Vienen nuevos tiempos, combatir la pobreza, investigar la corrupción y llevar adelante una reforma política y del sistema electoral son los tres temas más urgentes. Hay una esperanza que debe ser aprovechada y honrada.
Por la salud de la República necesitamos recuperar la agenda de la transparencia, la decencia y la búsqueda en serio de la igualdad.
Fuente http://www.minuto30.com/no-habra-gobierno-de-coalicion-sino-colaboracion-parlamentaria/412586/



