El terrorismo de Estado en mi país en la década del 70 y los 80, culmino en 1983 con la restauración de la Democracia, de la mano de Raúl Alfonsín, dirigente de mi partido, -la Unión Cívica Radical- elegido Presidente de la República.
Días pasados este pasado funesto y asaz dramático volvió a la escena con polémicas y desafortunadas declaraciones llevadas a cabo por Juan José Gómez Centurión, Director General de Aduanas del país, quién negó la existencia de un plan genocida de la Dictadura y cuestionó el número de desaparecidos.
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La Dictadura Militar tomó el poder en 1976 y, realizó desde el Estado, un régimen y plan sistemático de represión ilegal, que constaba de «grupos de tareas», secuestros y desapariciones forzadas, centros de detención y tortura clandestinos, mecanismos ilegales para asesinar personas y disponer de sus cadáveres, instalaciones médicas secretas para atender partos de detenidas-desaparecidas y suprimir las identidades de los niños nacidos en cautiverio apropiándoselos, todo ello, con una feroz maquinaria de desinformación a través de los medios de comunicación.
Estas declaraciones negadoras de una época siniestra desconocen el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de personas (CONADEP), que relevaron, develaron y documentaron en registros, casos y pruebas las violaciones de derechos humanos.
Ese informe, fue vital para el posterior juicio a las juntas militares, con su famoso informe titulado (NUNCA MAS).
El enjuiciamiento a las juntas militares y a los terroristas guerrilleros del ERP y Montoneros fue ejemplar y único en el mundo.
Por primera vez en la historia mundial un grupo de dictadores debieron comparecer ante tribunales de su propio pueblo para ser juzgados por sus crímenes.
Ni en Núremberg, ni en la ex Yugoslavia, o en Camboya ocurrió algo así.
Este juicio constituye un hecho sin precedentes en el mundo, ya que contrastó fuertemente con las transiciones negociadas que tuvieron lugar en situaciones similares en Uruguay, Chile, Brasil, España Portugal y Sudáfrica y, hasta ahora, si bien con final abierto aún, en Colombia.
Por primera vez, militares latinoamericanos que dieron un golpe contra un gobierno constitucional fueron enjuiciados y condenados por un tribunal civil, como asimismo, terroristas guerrilleros que infundían terror y muerte en Democracia.
El juicio a las juntas argentinas constituye un hito en la historia para todos los países de la región, porque constituye un precedente importante a la hora de combatir jurídicamente la impunidad contra los responsables del terrorismo y del terrorismo del estado: todo a la vez.
Este juicio colocó para siempre a Raúl Alfonsín como un referente mundial de los derechos humanos, pese a tener que soportar levantamientos militares posteriores, que deseaban terminar con su gobierno.
Es inaceptable que se niegue el plan sistemático de la dictadura militar y que se sostenga asimismo, que el terrorismo de la guerrilla no tuvo condena.
De todas maneras, la lucha por la verdad no se termina en ese juicio y, es una lucha que se debe dar de manera permanente en el tiempo y nunca termina.
Es cierto que hay crímenes del terrorismo de la guerrilla, anteriores al golpe militar de 1976, que permanecen impunes y sin castigo a sus responsables y se debe continuar en la búsqueda de justicia y castigo a los responsables.
Pero también es importante poner sobre la mesa, que el terrorismo de Estado comenzó con el Peronismo, así lo recepta el fallo La Perla, de la justica de Córdoba y la represión ilegal que se daba en el Gobierno de Juan Domingo Perón e Isabel Perón, con la oscura mano derecha José López Rega y su triple A.
El fallo la Perla, deja en claro que los campos de concentración existían antes del Golpe Militar y fueron diseñados por el Gobierno Peronista.
Los primeros Centros Clandestinos de Detención fueron instalados en 1975, antes del golpe militar del 24 de marzo de 1976. La Escuelita, en Faimallá (Tucumán), El Campito (Provincia de Buenos Aires) y Acindar, en Villa Constitución, en la planta de la empresa.
Luego del golpe militar, los Centros Clandestinos de Detención llegaron a ser 610.
Hubo en la Dictadura un plan genocida sistemático y un feroz terrorismo de Estado, que fueron amos de la vida y la muerte de miles de argentinos. Para ello, basta recordad a Jorge Luis Borges.
Jorge Luis Borges, asistió a una audiencia del Juicio a las Juntas y escribió un artículo para la agencia española EFE. Borges relata sobre aquella audiencia que escucho sus impresiones: «De las muchas cosas que oí esa tarde y que espero olvidar, referiré la que más me marcó, para librarme de ella. Ocurrió un 24 de diciembre. Llevaron a todos los presos a una sala donde no habían estado nunca. No sin algún asombro vieron una larga mesa tendida. Vieron manteles, platos de porcelana, cubiertos y botellas de vino. Después llegaron los manjares (repito las palabras del huésped). Era la cena de Nochebuena. Habían sido torturados y no ignoraban que los torturarían al día siguiente. Apareció el Señor de ese Infierno y les deseó Feliz Navidad. No era una burla, no era una manifestación de cinismo, no era un remordimiento. Era, como ya dije, una suerte de inocencia del mal».
El número de desaparecidos que hoy se discute, no quita gravedad a lo ocurrido, y la lista puede ensancharse y sus víctimas pueden incrementarse aún hoy.
Se desconoce el paradero de los muertos y su número final. Ojala se pudiera saber el número de víctimas finales.
Hasta las víctimas del Holocausto no se han cerrado en su búsqueda y en su número por ende, porque investigaciones presentes demuestran que se producen nuevos descubrimientos de fosas.
Todas las muertes importan, y no resta terror el número, pues como le dije en una entrevista al prestigioso periodista Alfredo Leuco: si una vida no tiene valor no tiene valor ninguna.
Hubo terrorismo de la guerrilla que se debió combatir con la ley y en Democracia.
Hubo también terrorismo de Estado, previo al golpe Militar, que se debe continuar investigando.
Hubo un plan genocida sistemático de muerte y desaparición, de tortura, robo de bebes, vuelos de la muerte y picana, al que le dijimos los argentinos Nunca Más.
La justicia sin venganza fue el logro argentino que legamos al mundo. Debemos seguir en esa senda, sin cerrar discusiones, sin cerrarnos a la verdad que nos hará libres y que es una aspiración por la que debemos seguir luchando en Democracia.



