Luego de los años de aturdimiento y ajuricidad que vivió el país llega el desafió de darle entrada a la realidad suprimida. Los argentinos, hemos pagado caro el deseo desesperado de recuperar la autoridad presidencial luego de la crisis estrepitosa del 2001, producida por el campo mimando de las malas políticas de los 90. estos últimos 12 años de impostura gubernamental el país vivió el período de mayor corrupción que se tenga memoria.

Una corrupción que denuncie casi en soledad desde sus orígenes, cuando los Kirchner se apoderaron de la tierra y los bienes públicos, para instalar la idea de que eran ricos desde siempre. Desde allí, a través de maniobras de lavado, blanqueo y sucio, intentaron justificar en vano su enriquecimiento patrimonial desopilante.

La pase mal pero siento cumplí con mi tarea.

Hasta en el exterior reconocen y valoran mis denuncias tempranas, que alertaban lo que viviría el país, cuando la sociedad estaba encandilada con el gobierno que se va. Hoy, por suerte, casi nadie niega esa corrupción atroz y descarada. Los Kirchner privatizaron las empresas del estado junto al Ex Presidente Carlos Menem, al que arroparon y le dieron impunidad al llegar al poder.

Hackearon y estatizaron la vida social.

Luego, de estos años de ejercicio del poder, privatizaron el Estado para sí, para sus testaferros y pájaros de cuentas y los amigos del poder. Ese proyecto de poder bruto, de poder sin moral, no tuvo control alguno y gobernó como en una especie de Monarquía moderna. Si uno saca el acto electoral por el cual fueron elegidos, queda un ejercicio de poder dinástico. En los tiempos de mayores oportunidades para el país por contexto internacional y oportunidades generamos como el peor gobierno desde lo institucional.

Hoy el actual contexto económico y financiero internacional juega en contra de la Argentina y afecta los planes de gobierno propuestos por el presidente Mauricio Macri, complicando sus deseos de atraer inversiones, y poder llevar adelante un incremento de reservas, estabilizando así la plaza cambiaría local, a través del acceso al mercado de deuda internacional.

La inflación descontrolada que existe aún en el país, con remarcaciones y subida de precios injustificados y arbitrarios, basados en pura especulación aleja la inversión. El gobierno intenta arreglar con los bonistas que no entraron en el canje de deuda y tienen fallos a su favor en EEUU. Se deben 9000 millones de dólares y se ha propuesto una quita del 25%, ofreciéndose pagar 6500 millones de dólares.

Hoy las expectativas de inversión tienen puesta su atención en Estados Unidos, relegando a China. Es un año electoral en EEUU por lo que hay muchas y buenas expectativas. Estás dificultades que vive hoy el país, son a causa del campo minado dejado por el Gobierno Kirchnerista. Por ello, se torna necesario, sin revanchas ni venganzas, investigar la corrupción de Cristina Kirchner y juzgarla.

Pero, no sólo, la corrupción declarada y evidente, sino sobre todo, la subterránea, la que se gestó a través de redes, nexos y conexiones internacionales y tiene un entramado de círculos concéntricos de testaferros, cuentas secretas a nombre de empresas fantasmas y testaferros, participaciones en empresas, -caso YPF el más paradigmático- y bienes y negocios no declarados.

Este tiempo que paso en la Argentina nos deja importantes enseñanzas. La más importante y elocuente es, que no todo cambio, como ocurrió en 2003, requiere de cheques en blancos y ausencias de control. Recientemente y de manera auspiciosa la Corte Suprema de Justicia, ha determinado que sean públicas las investigaciones sobre corrupción, trata de personas y droga en la Argentina.

Se hace necesario que el Estado arme una estructura de fuerzas federales, cuya tarea, sea combatir el narcotráfico que ha penetrado el país. En poco tiempo más comenzaran las sesiones ordinarias del Congreso, y el Presidente Mauricio Macri dará su primer mensaje a la Nación. Sería saludable que diera un completo informe de cómo se recibió el país y se comprometa a investigar para atrás la corrupción de estos años.

También, que el Presidente esboce un plan que contemple cuidar el empleo, la seguridad, combatir la droga en serio y una imperiosa reforma electoral y fiscal que el país necesita. Por la salud de la República necesitamos recuperar la agenda de la transparencia, la decencia, la normalidad institucional y la búsqueda en serio de la igualdad.

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