El año 2016 ha sido un año de dificultades y de fuertes cambios en el mundo.

El año que termina, como pocos, nos ha mostrado que la política es contingencia, incertidumbre, pero también una gran oportunidad, para hacer de esas crisis y desventuras, un ámbito propicio de reconstrucción y afianzamiento de nuestras instituciones.

El año 2016, ha sido uno de esos años, donde el malestar ante la política alcanzo niveles altos en el mundo.

Podríamos decir, que ese malestar con la política es muy viejo, lo que cambian son sus causas e intensidad. La historia, es quien refleja, en definitiva, los motivos cambiantes de ese malestar en el tiempo.

El mundo atraviesa cambios que nadie puede aventurar como serán y como impactaran en la actividad política.

Nadie puede predecir, si esto desencadenara, en una revitalización de la política o en la profundización de su degradación.

El triunfo de Trump en EEUU, es la muestra más cabal de las consecuencias del descrédito de la política y sus consecuencias. La política retrocede en su rol configurador del futuro.

Esto ha generado, la irrupción en la política de empresarios, jueces, fiscales, periodistas, -que no esta mal-, sino fuera, porque son empujados por una demagogia simplista y reduccionista, que dice despreciar la incompetencia e impotencia de la clase política, cuando en realidad desprecian las exigencias de la vida democrática, el debate y la pluralidad.

De la carencia de la política para discutir el futuro y dejar de administrar solamente el corto plazo se aprovechan los populismos. Y en contextos de crisis, desencanto y apatía cobran vida.

Es muy fácil registrar que algo no funciona, pero la cosa se complica cuando se trata de aventurar que lo va a sustituir.

La política es innovación, evolución, no es sólo gestión y administración.

Lo necesario es descubrir los problemas, nombrarlos, enfrentarlos y dejar la tendencia opaca y dañina de esconderlos, negarlos, disimularlos.

En otras épocas las crisis y calamidades eran poco habituales. Hoy día el mundo adopta situaciones caóticas e inestables.

La democracia vive en medio de crisis y la incertidumbre e inestabilidad política, económica y social, son procesos normales.; que hay que atender para entender.

La contingencia y los problemas, son equiparados por el populismo a algo despreciable que hay que marginar de un plumazo, planteando entonces como respuesta, inexistentes soluciones mágicas de puro presente a esas incertidumbres.

El totalitarismo, es la versión última, de esa visión que tienen como perspectiva, intentar expulsar la contingencia de la política.

Contingencia significa posibilidad. Posibilidad de que las cosas sean de otra manera y buscar alternativas. Y la política es eso, la gestión de asuntos desde el punto de vista de la contingencia, buscando configurar el futuro.

La política es el aprovechamiento de la oportunidad, algo que es imposible, para los fanáticos doctrinarios y los que desprestigian su rol con oportunismo mezquino.

El mundo enfrenta hoy, como ha pasado antes, la lucha entre la política de diseño y la de remiendo, la de la oportunidad contra el oportunismo, la de la innovación responsable, frente a la improvisación equilibrista y permanencista.

En mi país, dejamos atrás un año lleno de complejidades. Lo que viene tiene final abierto y será lo que los argentinos hayamos aprendido y podamos construir.

Algo debiéramos tener claro: que las situaciones fáciles de gobernar, con mayorías parlamentarias casi absolutas, buen contexto económico mundial, ciudadanía dócil y periodismo benevolente, invitaron a políticas populistas de corto plazo, que no limitaron el propio poder y despreciaron a los adversarios.

El mundo y nuestra región, tienen en esta contingencia en la que vivimos, oportunidades.

La oportunidad más importante, es recuperar el rol de la política, como ámbito de configuración del futuro.

Para ello, es necesario abandonar la idea de que el futuro necesita de salvadores y líderes mesiánicos que nos manden, sino instituciones, más debate, más deliberación y dialogo.

Después de todo, podemos decir, que a la política no la está dañando la anti política, sino los malos políticos, negando los problemas, en vez de hacerlos productivos.

 

Fuente http://www.minuto30.com/se-termina-un-ano-de-cambios-en-el-mundo-por-alvaro-h-de-lamadrid/573245/ 

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