Hay que aplaudir a Brasil por lo que está haciendo para combatir la corrupción, investigando al poder en tiempo presente y los escándalos que involucran a la Presidente Dilma Rousseff -a quién se le reavivo el pedido de Juicio Político de vieja data- y al Ex Presidente y recientemente designado Jefe de Gabinete Ignacio Lula da Silva, como asimismo, a una pleya de funcionarios del Partido de los Trabajadores (PT), empresarios y sindicalistas.

¿Qué es lo relevante del ejemplo de Brasil? Muchísimo. Todo lo que sucede. Los delitos del poder y la corrupción en Latinoamérica, sólo parece pueden investigarse cuando se produce un cambio de gobierno.

Allí, en algunos casos, si existe voluntad política del gobierno entrante, se puede investigar a la gestión anterior. Eso podría ocurrir en la Argentina y habrá que esperar si es así y se baja una decisión política de ir a fondo investigando para atrás la macrocefalia corrupción de los Kirchner, que denuncie desde sus comienzos.

Pero, lo notable del ejemplo de Brasil es que está investigando y enjuiciando a los dos líderes más importantes y prominentes del Partido de Gobierno, a sus máximos aliados en el Congreso y a todo el mundo empresarial que ha participado del festival de retornos, coimas y lavado de dinero.

Brasil muestra al mundo que cuenta con una justicia y jueces independientes que resuelven casos sin mirar de quién se trata y acordándose sólo de la causa. Esto hace realidad el principio de igualdad ante la ley, pero más aún, demuestra que los gobiernos no están ni pueden estar por fuera de la ley, esta los incluye, y si cometen delitos deben ser investigados.

Cuando esto sucede hay República, Estado de Derecho y División de poderes. El hecho de que Brasil sea capaz de enfrentar este tema en un mundo donde cunde la corrupción es una buena noticia. Una cualidad de la Justicia es hacerla pronto y sin dilaciones; hacerla esperar es injusticia. Y en Latinoamérica lo que abunda es la injusticia.

El poder judicial de Brasil ha demostrado que funciona mejor que en casi todo el resto de los países latinoamericanos. Brasil no ha tenido mayor corrupción que la Argentina. Por lejos me animo a decir que ni se le acerca a la corrupción de los Kirchner. Estos se quedaron para sí con tierras fiscales millonarias con rapacería delictiva, usando luego todo los resortes del Estado para lavar dinero, construir hoteles, generar falsos y ficticios ingresos de apariencia lícita, para esconder el verdadero origen de los mismos, basado en el saqueo de los dineros públicos, el contrabando, el juego, el narcotráfico y una red de corrupción que genero un enriquecimiento patrimonial ilícito descomunal. En Brasil no se pactó impunidad con terroristas que cometieron atentados en el país, ni se asesinó a un fiscal por haber denunciado a la Presidente por ese barbarismo.

Tampoco Dilma, ni Lula fueron denunciados por hacerse llevar bolsas de dinero al Palacio de Planalto y descubrirse que sus testaferros movían dinero y oro al cual pesaban y contaban con impunidad inconmensurable. En mi país la injusticia y la impunidad han sido la regla todos estos años.

Pero en Brasil es justo reconocer es bien distinto, o bien se intenta que así sea. Ya antes en ese país se había destituido a Fernando Collor de Melo por corrupción. No cabe aquí dar crédito a las trilladas y remanidas excusas oficiales de que estas investigaciones se tratan de intentos de golpes de los sectores de poder internacional.

La estrategia que utilizaron los Kirchner al gobernar consistente en mostrar apoyos en las peores situaciones o cuando se sentía acorralado -ante su propias arbitrariedades, violencia política y autoritarismo- que generaban rechazo social, fue exportada más allá de las fronteras de mi país, y se ven en las contramarchas armadas como apoyos al Gobierno de Brasil y al PT, las cuales no son enteramente espontaneas y auténticas.

Se trata de una respuesta, que intenta mostrar apoyo, a la violencia que significo nombrar a Lula da Silva Jefe de Gabinete justo cuando corre peligro de ser detenido.

Así como nos contagiamos en la Argentina de todo lo que le pasa a Brasil, la crisis política y convulsión que vive nuestro vecino y principal socio comercial y su incertidumbre, pueden retardar o complicar la reactivación de la economía de mi país y eso claramente no nos ayuda. Pero, también sería bueno, que nos podamos contagiar de esa saludable realidad que indica que al poder se lo investiga y se lo puede investigar en serio en tiempo presente.

Ese contagio, el de la justicia cumpliendo su rol, con responsabilidad, seriedad y sin buscar venganza ni premio, sería el más fabuloso contagio.

Mi madre en el campo, recuerdo de pequeños, una vez que mi hermana mayor tuvo sarampión -que es un virus muy contagioso y se traduce en manchas rojas en la pie y con alta fiebre- no se preocupó demasiado si nos contagiábamos todos los cuatro hermanos, de última creía no era problema, pues nos curábamos todos juntos y de una vez. Hay contagios que no es malo evitar. Es más hay que alentarlos. Total, está bueno curarse juntos, así de paso esa enfermedad no la tenés más y no te la contagias más.

Ojalá todos los hermanos latinoamericanos nos contagiemos de Brasil, así nos curamos juntos de tanta corrupción, injusticia y desigualdad que nos asola y enferma en América.

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