El candidato oficial Daniel Scioli no pudo ganar en primera vuelta e irá a un ballotage con Mauricio Macri a quién supero 36, 86 % a 34,33%. La Presidente Cristina Kirchner no habló ni se mostró desde el domingo. Manipulo la información y el suministro de datos hasta entrada la medianoche para evitar las calles fueran escenario de festejos.

La Presidente es una feliz perdedora. No está triste por la derrota de Scioli. Determino como sería el escenario electoral, moldeo candidato oficial y opositor y lleva ejecutado la mitad de su plan. Se ve como la Jefa del Partido Justicialista (PJ), al que intentará reagrupar bajo su liderazgo y el de sus diputados y senadores afines; para postularse al Senado en 2017 por la Provincia de Buenos Aires, buscando dos cosas: un triunfo en el principal distrito, que además de darle fueros por 6 años la coloque, en sus fantasías, a las puertas de recuperar el poder en 2019.

Es que en la Provincia de Buenos Aires vota el 38% del padrón nacional. Si lo vemos sólo desde el Conurbano de la Provincia de Buenos Aires vota allí el 24% del padrón nacional. Los Kirchner jugaron siempre su suerte desde 2003 en la Provincia de Buenos Aires. En 2003 fue clave para salir segundos e ir al ballotage que no se realizó por la deserción de Carlos Menem. En 2005 fue decisivo para ganarle a Eduardo Duhalde la Provincia y empezar a gobernar a su gusto. En 2007 y 2011 determinante para garantizar los triunfos de la actual Presidente.

En esta elección la Provincia de Buenos Aires sello también el destino de Daniel Scioli. Este perdió allí, lejos de cualquier pronóstico, votos a favor de Mauricio Macri, quién gracias a su candidata a Gobernadora triunfante María Eugenia Vidal pudo horadar votos vitales para entrar al ballotage. Podríamos decir que el Gobierno bebió su propia medicina.

Ya en 2009 y 2013 en las elecciones legislativas la Provincia de Buenos Aires puso freno a la tentación del régimen autocrático, usando a Francisco de Narváez y Sergio Massa como instrumentos y compuertas para frenar el sueño de Cristina Eterna. María Eugenia Vidal sin dudas fue vista como la candidata que se debía votar para impedir la implantación de un Estado Narco y allí estuvo la sorpresa, que como efecto colateral, metió a Mauricio Macri en el ballotage.

Esto no parecía posible sucediera. Porque Mauricio Macri estaba tercero en las encuestas para Presidente en la Provincia. Además del fuerte corte de boleta a favor de su candidata a Gobernadora, se necesitaba lo que se logró y no se mensuro: que Scioli perdido votos a manos de Macri, gracias a Vidal y en detrimento de Aníbal Fernández.

Hubo miedo y conciencia de que el triunfo de Aníbal Fernández podía colocar al país, como centro regional de la producción y comercialización de drogas y el blanqueo y lavados de capitales. La traición de las huestes Presidenciales y de los barones del conurbano desesperados por mantener sus intendencias, sumado a la Campora que nunca jugo con Daniel Scioli por orden Presidencial, hicieron lo suyo.

Hoy Sergio Massa con su 21,5% por ciento es el árbitro del ballotage. Daniel Scioli y Mauricio Macri, le han ofrecido los dos la Cancillería y el ministerio de Economía. El exitismo de la sociedad Argentina que le gusta votar a ganador coloca a Mauricio Macri como favorito en el ballotage.

Sergio Massa lo olfatea y no se arriesgaría a mandar a votar por Daniel Scioli a riesgo de perder. El macrismo no sabe cómo disimular el maltrato a Massa. Se le recordó haber sido kirchnerista y amigo del Vicepresidente Boudou y se lo señalo como parte de lo que se va, asociándolo incluso, a los Narcos que en su Tigre se esconden con su vista gorda.

Todo vale por ganar. Es que Daniel Scioli y Mauricio Macri se parecen mucho, más allá que uno este pegado al Gobierno y el otro represente ser quién ofrece ganarle a eso que se quiere poner fin: el ciclo kirchnerista. La composición del nuevo Congreso se encuentra sellada. El Macrismo tendrá sólo 4 senadores propios de 72 y soló 41 diputados de 257. Deberá ceder poder, no podrá imponer como lo hacía en la Ciudad de Buenos Aires, donde se entendía muy bien con el Kirchnerismo.

Se viene un futuro inmediato muy duro en el país. Difícil desde la gobernabilidad, desde lo económico, pero fundamentalmente desde lo político. Volveremos a tener una guerra que utilizará las instituciones como ring y tendrá su pelear estelar en 2017. La sociedad seguirá en vilo.

Luego de la euforia de los que sólo ven en ganarle al Gobierno el fin mágico en sí mismo de todos los problemas y pudiendo hacer un análisis más pausado del escenario que viene y hoy a nadie parece importarle: veremos que en Argentina desde 1989 y sin aprender las lecciones se vive votando como solución lo que significa solamente un cambio de problemas. Los argentinos vamos a tener un futuro lleno de grandeza y prosperidad.

Antes deberemos darnos algunos golpes hasta aprender y hacer carne la idea y la convicción que el cambio no debe tener una atroz dependencia de la crisis y la calamidad para ocurrir y darse lugar.

Fuente: http://www.minuto30.com/la-perdedora-alegre/403634/

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