En 1983 y luego de la más atroz dictadura militar, asumió la Presidencia Raúl Alfonsín en Argentina. Se recuperó la democracia y la juridicidad y se juzgó y encarcelo a los militares en un momento que aún estaban en los cuarteles y tenían las armas. Se buscó justicia y no venganza. Ese Juicio Histórico, fue único en el mundo, por garantizar el derecho de los militares represores y ajustarse al debido proceso.
Raúl Alfonsín resulto ser un faro de civilidad y democracia en un continente asolado por las dictaduras. Seguía Geisel en Brasil, Bordaberry en Uruguay, Pinochet en Chile, Stroessner en Paraguay, y Banzer en Bolivia. Estos países gracias al influjo de lo ocurrido en la Argentina y a la lucha protagónica y valiente en foros internacionales de Raúl Alfonsín, y su prédica de ayuda, recuperaron luego la democracia, pero vale señalar: en ningún país se juzgó a los militares, terminando todo en situaciones de perdón, olvido o amnistías.
Hoy el Gobierno de Colombia, incluso, penosamente driblea en acuerdos con las Farc, que se asemejan a estas soluciones que se dieron en muchos países y no en la Argentina de Alfonsín de 1983. Hoy empero, en Argentina nos estamos alejando de ese respeto por la democracia. El actual Gobierno en su afán de aferrarse al poder, y anteponiendo su deseo de continuar en el Poder por sobre las Instituciones de la República se ha colocado fuera de la Ley.
El asesinato del fiscal Nisman y el desplazamiento del Juez Bonadío, por investigar la corrupción del Gobierno; el inocultable enriquecimiento ilícito de la Presidente, el nepotismo, el avasallamiento de la justicia, la muerte de un militante del opositor partido UCR en Jujuy -sólo por serlo- la utilización del Estado como bienes propios, las nefastas alianzas internacionales que se sostienen, el fraude reciente en la Provincia de Tucumán, y el bochorno de las elecciones en la Provincia de Buenos Aires, llaman a defender la democracia en la Argentina.
Definir la democracia no es simple. Nuestras ideas son nuestros anteojos; hay democracia real y sana cuando la mayoría que Gobierna no tutela ni garantiza el derecho de hacerle la oposición y no asegura la competencia electoral y la disputabilidad del poder; requisito éste último que define al sistema?
¿Hay democracia cuando la titularidad democrática del poder de turno se transforma en un biombo que legitima el ejercicio autocrático del poder? La elección y la representación son una suerte de equipo instrumental sin el cual la democracia no se realiza, pero al mismo tiempo como hoy en la Argentina pueden ser su talón de Aquiles porque las elecciones no son necesariamente libres y por ello la representación no es necesariamente legítima y genuina.
Debemos decir claramente que si bien la representación popular puede parecer, para algunos, algo místico, las elecciones convertidas en simulacros y “sin opciones” es un fraude. En Argentina estamos entrando en un proceso en el cual se le pretende quitar el poder al pueblo para dárselo al autócrata.
Alerté desde la llegada al poder nacional de los Kirchner en 2003, que el país viviría violencia política, autoritarismo y corrupción, que tendríamos muerte y mentira y que volveríamos a tener que luchar por la libertad recuperada por Raúl Alfonsín en 1983. Predije esta tragedia griega y no fui escuchado.
Como nada es más fuerte que la verdad, a veces la mentira sabiendo de esto se le asemeja y la imita. Esto ha venido ocurriendo en la Argentina. Los Argentinos debemos darle entrada a la realidad suprimida, defendiendo la democracia, pero sin violencia. De la misma manera que cantan los militantes de mi partido la UCR desde 1983, “somos la vida, somos la paz”.
En el país no está garantizada la competencia electoral por estar afectada la disputabilidad del poder. Hay que transparentar el sistema. El déficit de legitimidad del sistema pone en entredicho la capacidad de las instituciones para garantizar: competencia y disputa del poder. Hay República cuando un Gobierno por más que no tenga un sincero apego y vocación democrática no pueda cometer arbitrariedades y desmesuras. Se necesitan reformas sustanciales del sistema. Una reforma política y arreglos institucionales que garanticen controles y transparencia.
Que hoy discutamos como llevar adelante elecciones justas que garanticen no tener que descalificar los resultados electorales es luctuoso. El Gobierno y Zannini; su ideador, siempre vieron desde la antigua Santa Cruz en el sistema y las leyes electorales la forma de perpetuar la autocracia. El rechazo del Gobierno a perder el control de las elecciones y someterse a competencia electoral abierta, libre y justa amenaza el sistema.
Propongo unificar estos dislates electorales en un nuevo Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales que de luz al sistema. Pero no debemos equivocarnos los argentinos. Que la lucha electoral no nos perturbe ni nos quite claridad. No hay dos pueblos. Hay dos dirigencias, dos modelos de país, hoy dos posibilidades.
Lo que está en juego es cual proyecto popular en la Argentina va a tener la responsabilidad de conducir al país.
¿Que nos diferencia? No nos diferencian seguramente los objetivos que perseguimos para nuestro país, sino los métodos y los hombres para alcanzarlos.
Yo quiero la Argentina de Raúl Alfonsín.



