En mi columna escrita el 11/5/2015 titulada “En América del Sur hay corrupción gubernamental” http://www.minuto30.com/en-america-del-sur-hay-corrupcion-gubernamental/338177/ donde señalaba que las ventajas económicas que brindo el mundo, nos llenó de oportunidades que fueron desaprovechadas, desnudando una falencia grande de estos Gobiernos para terminar con la pobreza y lograr que los desiguales sean cada vez más iguales, dotando a la sociedad de cambios estructurales que no se ven.

Esa oportunidad fue dilapidada por la corrupción.

Que ese crecimiento económico no se transformara en desarrollo en mi país fue culpa de un poder que organizo el gobierno para delinquir, para transformar al Estado en un Estado delincuente, que extravió el camino y justifico medios para lograr pérfidos y siniestros fines.

En Argentina hoy comienza a darse un debate tardío y de tratamiento inmaduro, acerca del alcance de esta corrupción y sus consecuencias.

Éste debate deja de lado a veces interesadamente las causas que dieron lugar a esas consecuencias que hoy repudia toda la sociedad de modo unánime.

Muchos de los escándalos más significativos, como sus episodios y análisis acerca del futuro judicial que les deparara a los funcionarios del anterior gobierno, testaferros y amigos del poder implicados que se vieron beneficiados, invade todos los ámbitos de la vida social de manera recurrente.

La corrupción siempre estuvo. Sólo cayó la máscara que aseguraba el miedo a las represalias de un poder que tenía capacidad de daño mientras manejaba los recursos públicos y desplegaba todo su autoritarismo, violencia política y corrupción.

La sociedad hoy que goza de importantes y saludables niveles de emancipación cívica y capacidad de queja sin miedo, exige respuesta por la corrupción de estos años.

La sociedad quiere restablecer el principio de igualdad ante la ley y que los gobiernos quedan incluidos por esta sea una realidad.

Esta actitud cívica no sería bueno que se exprese sólo para reclamar justicia y castigos a los culpables como corresponde, sino que además, sea acompañada de un cambio ciudadano que no permita se generen condiciones políticas para que esto se reproduzca y vuelvan a gestarse procesos políticos de dominación, arbitrariedad y desmesura, que sólo traen corrupción, impunidad, miseria y pobreza.

El paso de los Kirchner por el poder también nos tiene que dejar ver que algo nos ha pasado como sociedad a los argentinos desde Anillaco hasta El Calafate.

No sería saludable que se exhiban como trofeos a algunos peones, alfiles y algunas torres, como condición para que no se investigue a la Reina.

El temor de que el gobierno se vea tentado a querer entubar las investigaciones de la corrupción de estos años en la Argentina hacía una desembocadura determinada, direccionando su recorrido, rumbo y destino final, a cambio de interpretar que ello sería bueno para alejarse de una guerra de guerrillas que complique la gobernabilidad sería un gran error político, además de una injusticia premeditada que lo envolverá.

Es cierto que la Ex Presidente Cristina Fernández de Kirchner, quién ya ha sido citada a indagatoria para el día 13 de abril por la causa de la venta fraudulenta de dólar a futuro, intentará que el país entre en la provocación que planea desplegar agitando un nuevo túnel y espiral de violencia para radicalizar la vida social.

Ello responde a los designios del ideador de sus batallas y estrategias Carlos Zannini quién considera debe buscarse radicalizar la democracia, extremando protestas y enfrentamientos que generen caos e ingobernabilidad para asegurarles impunidad.

En Argentina no hacen falta ni recursos ni ideas, sólo coraje y decencia.

Los gobiernos perecen por la exageración de sus principios, eso le pasó al kirchnerismo que murió envuelto en lo que ha sido siempre: autoritarismo, violencia política y corrupción.

Esperemos que el actual Gobierno se comprometa en serio con la necesidad de investigar para atrás la corrupción y evidencie esa voluntad de manera inequívoca, sino quedará envuelto en la exageración de su principio: el de sobreactuar algunas cuestiones, que lejos de servirle para ampliar las bases de sustentación y asegurar su gobernabilidad, generen, peligrosamente lo contrario.

Ello podría suceder si el gobierno no entiende que la sociedad no buscaba solamente cambiar un gobierno, sus modos y métodos, sino cambiar un sistema político que debe madurar y estar a la altura de los nuevos desafíos que vienen en el país y en el mundo.

Fuente http://www.minuto30.com/la-corrupcion-punto-de-inflexion/457957/

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