La fuga de cárcel de Alvear de Martín Lanatta, su hermano Cristian Lanatta, y Víctor Schillaci, el primero fue recapturado luego de ser buscados por días, al momento de escribir este artículo los otros dos aun no corrían la misma “suerte”, este episodio deja evidente un entramado de complicidades y conexiones políticas con el narcotráfico y sus redes internacionales. Lo vivido estos días, deja al desnudo lo que ocurre en el país con la droga, sus actores ocultos, la protección e implicación política y la red de negocios, sobornos y vínculos de los cuales el narcotráfico ya goza en La Argentina; más allá de la historia del raid delictivo de unos oscuros delincuentes menores, que son el último eslabón de una cadena muy larga y muy densa.

En primer lugar debemos dejar claro que estos personajes que permanecieron y algunos permanecen prófugos aun, luego de salir por la puerta del penal sin problemas en una operación facilitada, no son para nada unos capos dentro del negocio. En la jerga del narcotráfico y su estructura organizativa, se sabe bien en Colombia, que los tres prófugos del penal de Alvear dentro de ese mundo pertenecen a la parte baja de la pirámide; es decir, son muy “pequeños”. En Colombia a quienes pertenecen a esta parte de la pirámide se les denomino LUGARTENIENTES; es decir, son los mandaderos de los grandes capos dueños del negocio.

Incluso, cuando el capo narco –pertenece a la parte baja de la pirámide- es “pequeños” (es un rico nuevo del negocio) a éste no se le da importancia significativa dentro del entramado de la organización delictiva, en Colombia los capos narcos pequeños se hicieron llamar ellos mismos TRAQUETOS, es algo así como pasar de ser sicario a narco pequeño; estos llegaron a implantar incluso lo que la Policía Nacional de ese país denomino “una cultura traqueta”. El trío de fugados de Alvear tuvo también como imputado a otro prófugo, Esteban Ibar Pérez Corradi, aún en libertad a pesar de que Interpol lo busca por el mundo hace 44 meses. Perez Corradi sería un TRAQUETO, un narco pequeño.

Fuera de ello, existe el narco-político que en Argentina, según declaró el prófugo recapturado Martín Lanatta, sería Aníbal Fernández y en Colombia el expresidente Ernesto Samper Pizano, hoy Secretario General de UNASUR. El narco-político se instala igual que el Capo en la parte alta de la pirámide.

La fuga del penal de Alvear y el episodio que concito la atención y el seguimiento de los medios en mi país por días con transmisiones en exclusiva, dejan enormes enseñanzas:

Primero; que el narcotráfico es una realidad en La Argentina, que somos un país que fabrica, elabora, comercializa y exporta drogas. Segundo; que en el país se consolido en estos años una organización criminal delictiva con apoyatura política que ha puesto al país al borde de una guerra subterránea que habrá que atender. Por último, que se hace necesario en forma urgente llevar adelante la profesionalización, capacitación y limpieza interna de las Fuerzas de Seguridad del país. Esto es vital para combatir el narcotráfico y también para llevar adelante tareas de capturas de narcos, lugartenientes, narcopolíticos y expendedores dueños del microtráfico.

Para capturar narcos se debe contar con una policía que adolezca de un alto grado de profesionalización. En Colombia se crearon LOS BLOQUES DE BUSQUEDA que llevaron tareas exclusivas con distintos narcos, como Pablo Escobar, jefe omnímodo del cartel de Medellín y los hermanos Rodríguez Orejuela del Cartel de Cali eran perseguidos por Grupos de Búsqueda especiales por ser los capos más grandes.

También se conformaron los COMANDOS ELITES, para todos los demás capos, pero que igual que el primero, recibía una capacitación al más alto nivel.

La modernización se dio a través de la descentralización y ésta consistió en la creación de nuevas Fuerzas Especializadas también dentro del Ejercito Nacional para enfrentar la amenaza narco-terrorista en defensa de las instituciones y la soberanía nacional. Para ello se hizo necesaria la adecuación de estándares de calidad dentro de las Fuerzas Militares desde abajo, es decir, desde el último soldado profesional, hasta el primero de los Generales de la República en materia de DDHH, DIH así como en acercamiento a la ciudadanía necesario para generar confianza. Esta parte fue fundamental.

Estas fugas recientes de la cárcel de Alvear de mi país tuvieron más allá de los personajes implicados, métodos similares con las grandes fugas en Colombia, lo cual denota claramente la vinculación de los personajes con la organización narco de las cuales eran el último eslabón.

El 28 mayo de 1997 la policía de Colombia denunció un presunto plan de fuga de la cárcel de La Picota de Bogotá de los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, jefes del Cartel de Cali. Los Rodríguez Orejuela planearon esa fuga mediante un agujero oculto en la cocina de la cárcel. Los dos narcotraficantes ingirieron drogas para simular síntomas de una enfermedad cardíaca y ejecutar su plan de fuga aprovechando una cita médica. El último jefe del narcotráfico que se fugó de la cárcel La Picota fue Gilberto Santacruz, también del Cartel de Cali, en enero de 1996. Santacruz fue baleado por la policía cinco meses más tarde en Medellín, en el noroeste del país.

El General Rosso José Serrano tiene una de las trayectorias más brillantes en la historia de la Policía Nacional de Colombia. Gabriel García Márquez después de un viaje por el interior de Colombia en helicóptero, publico una foto con Rosso José Serrano en el prólogo que el Nobel escribió para el libro ‘Las palabras del general’.

Serrano fue director de la policía colombiana entre 1995 y 2000, que previamente contribuyó a la caída de Pablo Escobar y asestó los golpes más duros al cartel de Cali, entre ellos la detención de uno de sus capos, Miguel Rodríguez Orejuela, de la que pasaron 20 años. Su trayectoria le ha llevado recientemente, junto a dos generales retirados más y algunos coroneles, a reunirse con autoridades mexicanas para compartir experiencias tras la fuga de El Chapo Guzmán vitales para su reciente recaptura.

Recientemente recomendó enviar a México unos generales con experiencia y un grupo que pueda compartir lo que se aprendió con las fugas de Pablo Escobar, de Chepe Santacruz Londoño y otros delincuentes y orientar a las autoridades de ese país, porque cuando esto ocurre los organismos de seguridad quedan desorientados.

La corrupción señala Serrano “es la que genera las fugas y atenta contra la posibilidad de dar con los fugados”. Afirma que “se necesita una depuración muy fuerte, porque con policías corruptos es muy difícil ponerse a perseguir un narcotraficante con miles de millones de dólares. De su experiencia surge que la policía de búsqueda debe ser profesional no se puede maltratar al delincuente, hay que tener una policía estimulada, profesional. Cada país tiene su organización. Yo me refiero a la mía. En Colombia es muy profesional, no es política y hay una sola. En México hay 1.200 cuerpos de policía”.

Por último es de suma importancia implementar un Programa de Recompensas permanente que debe adoptar el Gobierno.

La fuga de José “Chepe” Santacruz Londoño, uno de los capo del cartel de Cali duro 110 días consecutivos. Durante cada minuto de las 24 horas de cada día, por lo menos 15 oficiales del Bloque de Búsqueda tuvieron una sola idea en la cabeza: José Santacruz Londoño, el tercer hombre del cartel de Cali, a quien tenían la obligación de capturar como se hizo. La captura del escurridizo narcotraficante del Cartel de Medellín Carlos Lehder Rivas, también fue otra recaptura muy importante.

Este caso, es el que tiene más similitud con la triple fuga de la cárcel de Alvear. Lehder era bocón y en su momento supuso un peligro para el Cartel de Medellín al que pertenecía. Se llegó incluso a especular que ante la ofensiva sin precedentes de las autoridades norteamericanas, y los favorables cambios de mando que se produjeron en el seno de la Policía antioqueña, el “cartel” de Medellín habría decidido sacrificar a Lehder, que además de haberles ocasionado varios dolores de cabeza por “bocón” y por osado, estaba ya en franca decadencia.

Otro caso recordado fue la captura de Gonzalo Rodríguez Gacha alías “EI Mexicano”. Este, con Pablo Escobar y con los hermanos Ochoa, eran los jefes del cartel de Medellín. Rodríguez Gacha murió en su ley al enfrentarse con la policía, con un fusil en las manos enfrentándose y haciendo realidad la consigna que tanto pregonó junto con Escobar: “Mejor una tumba en Colombia que una celda en los Estados Unidos”.

Todos estos casos, ponen de manifiesto la necesidad de crear una Fuerza Nacional Especial para combatir a los narcos y la droga. Además, se necesita avanzar contra los bienes de los narcos para desmantelar sus estructuras ramificadas en varios países. Por ello, si bien no es fácil, es necesario determinar cuáles de las propiedades puedan continuar haciendo parte de sus haberes, y cuáles hayan salido de su inventario y en qué circunstancias y expropiarlas.

Existen tímidos mecanismos legales que parecerían permitir que los bienes de los narcotraficantes pasaran a manos del Estado. El Código Penal establece que los efectos e instrumentos con que se haya cometido el delito, o que provengan de su ejecución, serán secuestrados, previo inventario, “para efecto de la investigación”.

Los bienes, equipos y demás objetos utilizados en la comisión de esos delitos, lo mismo que los dineros y efectos provenientes de tales actividades, podrán ser decomisados, pero es necesario contar con leyes más claras y perentorias. Incluso, leyes que den la posibilidad de retrotraer ventas simuladas por extorsiones o amenazas y devolver a personas físicas bienes inmuebles quitados por los narcos.

En la práctica los únicos bienes que han podido pasar al dominio del Estado, y eso temporalmente, son los vehículos y aeronaves atrapados in fraganti en la comisión del delito. En cuanto a los inmuebles, los utilizados para fines relacionados con el narcotráfico deben ser extinguidos sus dominios; tal cual lo hizo Colombia.

Hay mucho por hacer, el narcoterrorismo tiene su presencia en el país, no se lo puedo combatir sin fuerzas especializadas y nuevas estructuras y legislación moderna que ataque sobretodo su dinero, de tal forma que se les despoje de la herramienta del soborno y se impida el lavado de dinero.

Fuente: http://www.minuto30.com/narcotrafico-la-clave-esta-en-adaptar-nuestras-fuerzas-de-seguridad-al-siglo-xxi/425031/

Comentarios

comentario

Facebooktwittermail