En nombre de revoluciones inexistentes y leyes patrióticas y fundacionales América Latina ha vivido estos años un proceso de empinado populismo, que muchos han confundido en definir y caracterizar. Estos populismos, con características propias en cada uno de los países de la región, han causado un gran atropello constitucional y han significado un inmenso deterioro institucional. El poder se ha ejercido de manera arrogante y con altos niveles de corrupción, amén de haberse conculcado derechos, empobreciendo a sus ciudadanos y en muchos casos, violado sus derechos humanos.
Considero que estos procesos han generado confusiones en muchos analistas políticos e incluso en ámbitos estrictamente políticos, tal vez por la incapacidad de explicar, evidenciar y develar estas falacias retóricas y las imposturas narrativas; por buena parte de la dirigencia política. La confusión fundamental ha sido afirmar y repetir que en América Latina se han vivido en estos años procesos políticos en los cuales ha gobernado, y gobierna aún, la izquierda. Es cierto que en Venezuela, Ecuador, Uruguay, Bolivia, Argentina y Chile, sus gobiernos se definen de esa forma; pero ello no significa que lo sean.
Distinto es el caso de Perú, Paraguay y México que asumen muchas más cosas en común con sus colegas conservadores de la Alianza del Pacífico y Colombia que tiene un Gobierno que llego al poder con la derecha a la que traiciono y se intenta mostrar a veces de izquierda, sin serlo; siendo Santos sólo un pragmático, amigo de todos y de nadie a la vez.
Pero volviendo a los Gobiernos que se autodefinen de izquierdas, vale decir que salvo Chile y Brasil, los demás casos son populismos autocráticos de derecha. Prueba de ello, resultan claramente dos actitudes que lo dejan evidente: la primera la vocación a las soluciones mágicas; característica central del populismo. Tomar una medida y presentarla como el fin de la existencia de un problema, sólo porque se hecho ese anuncio. En Argentina en distintos momentos el mismo partido de Gobierno ha privatizado o estatizado, tomo deuda, declaró el default, y luego le pagó la totalidad de la misma al FMI.
La segunda es que los populismos son proyectos de poder de puro presente. Esto significa que siempre pretenden dar soluciones rápidas y fáciles a problemas arduos, estructurales y complejos. Lejos de lograr esas soluciones sólo han agudizado la pobreza y la falta de oportunidades. La derecha o el centro político, se han presentado como izquierda socialdemócrata en Latinoamérica sin serlo.
Un ejemplo claro al respecto es Humala en Perú. En 2006 se auto-definía como de izquierda, siendo un nacionalista de derecha. Hoy claramente distanciado de esos orígenes se muestra más auténticamente. Las alianzas políticas regionales, la conveniencia pragmática intelectualmente deshonesta y la existencia de proyectos de poder autocráticos han determinado que muchos líderes de América Latina se digan de izquierdas no siéndolos.
Luego de llegar al poder estos liderazgos ideológicos impostados han delimitado alianzas donde los grupos de influencia y de poder que podemos catalogar como de derecha: sectores empresariales, bancarios, financieros, mineros y del establishment han logrado más ganancias, explotación y negocios sin control Estatal con gran contaminación y daño ambiental, que con las derechas más rancias.
Estas cuestiones han hecho que en muchos países los ciudadanos han votado lo contrario a lo que creían votar y quienes empujaron y apoyaron a esos líderes movilizándose en la campaña electoral rápidamente se convirtieron en los primeros derrotados. No debemos pues confundir estas autocracias populistas de derecha con la social-democracia de Alemania, Austria, Suiza, Dinamarca, Noruega, Suecia, Holanda e Inglaterra, con influencia en España y Portugal y algunos partidos políticos de América Latina.
Al hablar de autocracias populistas de derecha no habló de la derecha democrática y republicana, que existe y como la socialdemocracia, no expresan las desviaciones institucionales y de respeto a la constitución y a la libertad. Habló de tentaciones hegemónicas, autoritarias, violentas y corruptas, que apresan disidentes, conculcan derechos y someten, degradan y humillan a sus propios pueblos.
Perón el fundador de su partido: el peronismo que Gobierna en la Argentina, decía que en política hay que saber manejarse con las dos manos.
Ser pragmático y querer ocupar todo el espectro si es posible.
Perón fue un general que participó en golpes de Estados y simpatizo con el fascismo, era de derecha, populista, y aún hoy, algunos siguen viendo en el Peronismo un partido de izquierdas, los mismo sucede con el Chavismo, Humala y otros casos.
La Socialdemocracia necesita en Latinoamérica referentes sobre los que edificar su acción de gobierno y su discurso. Dejar de estar a la defensiva de un statu quo impostor insuficiente para proteger y reducir la desigualdad entre amplias capas de la sociedad. Priorizar la igualdad y rebelarse contra la dicotomía entre eficiencia y progreso, y ser capaz de retomar el pulso. Lo que fue es lo que será. Lo que se hizo es lo que se hará. Nada hay nuevo bajo el sol decía el Rey Salomón.
Hasta las imposturas ideológicas siguen confundiendo como antes en Latinoamérica.



