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octubre 23 2018

En medio de las revelaciones de los cuadernos K y otras tramas de corrupción vinculadas a la obra pública, el escritor y dirigente radical Álvaro de Lamarid desarrolla en su último libro “Malandros, la tiránica banda mafiosa que secuestró a Venezuela” una hipótesis delictiva poco investigada que relaciona al kirchnerismo y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), con Venezuela como nexo, lo que “significó el ingreso definitivo del narcotráfico al país”.

“Los Kirchner le dieron nuevos puertos de salida a la droga que las FARC enviaban desde Venezuela”, detalla el escritor en una entrevista con A24.com. De Lamadrid advierte que el dinero proveniente del narcotráfico está en el sur y cree que si la Justicia argentina no lo encuentra, podría ser incautado por la DEA,  que es la agencia del Departamento de Justicia de los Estados Unidos que se encarga de investigar este tipo de delitos.

El también autor de “La década enterrada: Cristina, las valijas y el plan mesiánico para volver” contó en esta entrevista por qué decidió escribir sobre Venezuela; como fue su experiencia en ese país, al que fue invitado por la oposición, y cómo continuaron los presuntos negocios entre Argentina y Venezuela tras la llegada de Mauricio Macri al poder.

¿Con qué Venezuela se encontró cuándo estuvo de visita en ese país, antes de publicar el libro?

Me encontré con una situación de calamidad, de crisis humanitaria, con un éxodo que es único en latinoamericana y que es consecuencia del aniquilamiento institucional y de la devastación que significó el chavismo y el madurismo desde 1999, con la asunción de Chávez al poder, hasta la actualidad, en la que Maduro se hizo reelegir por una fraudulenta elección.

¿Por qué eligió el nombre “Malandros” para su último libro sobre Venezuela?

En Caracas y Valencia, que son las ciudades más peligrosas del mundo, participé en marchas en mayo de 2017, el peor mes de las protestas callejeras en ese país. Y allí la gente me hablaba mucho de los “malandros”, así se referían a su gobierno. Otra gente me pedía llorando, “tu, que eres escritor, tienes que contar qué está pasando, que nos están matando en las calles, que están matando a nuestro niños, que estamos gobernados por una cueva de ‘malandros’”. Así nació el libro.

¿Cómo fueron esos negocios entre Argentina y Venezuela durante el kirchnerismo que detalla en uno de los capítulos?

Durante el kirchnerismo hubo una megacorrupción hacia afuera, que es independiente de la corrupción fronteras adentro del país con ese sistema de recaudación diaria  que tenía que ver con la obra pública, el transporte y la energía, y es la que tiene relación con Venezuela y el narcotráfico. Es más, el dinero que los Kirchner enterraron en el sur, ese que no se pudo sacar del país ni invertir, lo enterraron copiando una metodología de las FARC. Ellos hacían exactamente lo mismo con el dinero de narcotráfico.

¿Cómo entra el narcotráfico en esta trama de corrupción?

Cuando (Hugo) Chávez llega al poder empieza a hacer una vinculación delictiva con sectores de las FARC, porque (Álvaro) Uribe los tenía reducidos en Colombia y por eso se recostaron en Venezuela. Así revivieron y continuaron con el negocio de la droga. Se empieza a mover la droga en barcos de la Marina Mercante, en los aviones con los cilindros de PDVSA y en los autos y las camionetas del Seniat, que es como la AFIP argentina. A este entramado se incorporan los Kirchner, en última instancia, y le dan a esa organización un nuevo puerto de salida de esa droga, que es el aporte mafioso y delictivo que hacen ellos. Tienen una salida por el puerto de Buenos Aires, vía el norte de África para ingresar a España, y también desde el sur de Argentina en barcos que simulan ser pesqueros, desde Caleta Olivia y Santa Cruz.

Para hacer esto, tuvieron que quitarle a una empresa francesa el control del espacio radioeléctrico, porque esa era la barrera que tenían que derribar para empezar con el negocio, y pusieron a hacer ese control a la SIDE para que ese circuito se pudiera dar. Esa fue la instalación definitiva del narcotráfico en la Argentina.

¿Por qué la investigación de esta triangulación Argentina-Venezuela-FARC no avanza en la Justicia?

Creo que es porque no podemos ni siquiera investigar la corrupción de pago chico. Creo que no estamos para investigar esto. Yo lo denuncié todo en la Justicia en 2016, en el Juzgado Federal de (Marcelo) Martínez di Giorgi, en la que el fiscal es Franco Piccardi. Estamos orillando, pero no con el negocio medular, que es el del narcotráfico.

¿Por qué esa plata no aparece?

Eso me da mucha impotencia porque en la denuncia de 2016 yo sindiqué cinco estancias donde podría estar ese dinero. Por supuesto que son estancias muy grandes, muchas de ellas entre tres y cinco veces más grandes de lo que es la Capital Federal. Ha pasado mucho tiempo y da impotencia que la Justicia vaya tan tarde. Porque uno no puede saber qué ha pasado con la plata en todo este tiempo y si la plata aún continúa enterrada. Pero estar, estuvo porque así lo dicen, no sólo mi denuncia, sino el aporte de los testigos.

Ese dinero lo tenemos que encontrar, no solamente por un acto de justicia, ni porque el dinero no esté en los lugares que falta y debería estar, además porque si no lo encontramos nosotros lo va a encontrar la DEA, que es el único organismo mundial que tiene facultades para buscar dinero cuando se trata de plata del narcotráfico.

¿Qué pasó con estos supuestos negocios entre Argentina y Venezuela cuando mueren Néstor Kirchner y Hugo Chávez?

El fenómeno sigue y es exactamente el mismo, y eso muestra la organización y la cantidad de negocios delictivos que había entre ambos países. Todos empezaron a robar entre ellos y hubo un momento que no  se sabía qué tenía cada uno. Hubo cadenas de testaferros. Cristina siempre supo todo esto, pero para ella lo que fue impactante fue ponerse al frente de esta organización.

¿Cambió algo con la llegada de Macri?

Ha quedado reflejo de tantos años de “palo y zanahoria”.  Por supuesto que esa organización, como estaba planeada, ya no pudo funcionar más por el propio peso de que ya no tenés el Estado y sus recursos para ponerlos a disposición. Se entró a la fase de cómo poner en resguardo ese dinero y también para desestabilizar. Una parte se empezó a usar para cambiar dólares, que empezaron a entrar en el mercado.

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